Publicado 05.11.2017 |

La esencia del liderazgo es influir positivamente en el otro e inspirar para la consecución de logros a través de un equipo de trabajo sólido, motivado, constructivo, sinérgico e innovador. Para ello, NO DEBE ejecutar determinadas acciones que muchas personas, lejanas al liderazgo, lamentablemente las practican casi a diario. Pasamos a recorrer algunas. Un verdadero líder:

No manipula. La manipulación de personas no tiene costados positivos, sus implicancias son devastadoras ya que la persona manipuladora busca constantemente aprovecharse del otro en beneficio propio.

En las antípodas de esto se encuentra el líder que busca el éxito del otro para nutrirse, fortalecerse y generar más logros para la gente con la que se relaciona.

• No genera expectativas. Busca toda oportunidad de comunicación, encuentro, interacción y toda otra manera de encontrarse con el otro, para ejercer uno de sus mandatos estrella: crear oportunidades.

• No se para sobre un éxito. Toda conquista es del equipo y todo el fracaso va en cabeza del líder. Cuando se consigue una victoria no actúa como profeta, se comporta como un sabio, celebra y sigue adelante.

• No sanciona el fracaso. Lo convierte en fase necesaria del aprendizaje para llegar al éxito, lo hace rutinario, parte indisoluble del proceso creativo. Pregona que lo contrario al éxito es la mediocridad.

No presiona o empuja para conseguir resultados. Debe acompañar el proceso, brindando las herramientas que se requieran en ese trayecto. Guía a su equipo; lo provee de valores, confianza, responsabilidad y una meta mucho más importante que la labor individual de cada uno.

• No provoca dolor. Lo soporta cuando sea necesario en pos del bienestar general. No utiliza la humillación ni el castigo como herramientas de poder. Basa su gestión en el conocimiento compartido, la información y el diálogo honesto.

• No concentra poder ni información. Muy por el contrario, delega, comparte, hace fluir la comunicación para que todos sepan cuál es la realidad y aporten desde su lugar.

• No provoca desánimo. El mandato de todo gran líder es transmitir grandeza, estimulación positiva, trascendencia y felicidad. La concepción del líder es el optimismo. Nunca un pesimista logró ser un buen líder en sentido lato.

• No juzga, no critica, no cuestiona. Debe provocar e invitar al debate y, de sus resultados, extraer lo mejor para la organización; realiza devoluciones constantes por lo aportes que se implementarán y por los que no se podrán aplicar.

• No tiene todas las respuestas. Pero sí tiene las preguntas correctas para instar a todos a expresarse y compartir puntos de vista que posibiliten un verdadero cambio innovador ante cada problema que se presente. Si un líder piensa que tiene todas las respuestas, no necesita un equipo.

• No se conforma con el statu quo. En su ADN está el cambio, la transformación de lo aparentemente cierto, de lo estandarizado, de las prácticas precedentes. Busca todo el tiempo voces disidentes que lo ayuden a crear nuevas metas, nuevos procesos y redefinir paradigmas.