Publicado 01.12.2017 |

La teoría del liderazgo enfrenta un gran cambio de paradigma en toda la estructura clásica de su concepción. 
Los modelos basados en el autoritarismo, el miedo, la amenaza constante, el chantaje emocional, el verticalismo, la dominación e incluso el asistencialismo como trampa encubierta para enjaular la libertad y dignidad de las personas; ceden frente a una construcción social,  que deviene de la inteligente reflexión y compasión del Hombre para enfrentar su propia historia y desafiar éticamente su presente.
Hablamos de apartar definitivamente las prácticas tóxicas de pseudolíderes, mesiánicos que  creen tener talentos sobrenaturales y afianzan su falta de virtuosismo, manipulando a gente necesitada, con alguna carencia espiritual o emotiva. Personajes que hacen de su apariencia el todo y quieren protagonizar constantemente cada actividad que realizan con aires de divismo.
Muchas veces se ha hablado de que el líder debe ir por delante de la gente señalando el camino; otros consideran que los verdaderos líderes van detrás de su equipo, apoyando y tutelando su rumbo.
Personalmente considero que como el liderazgo es contextual y todo proceso tiene sus etapas, en muchas ocasiones el líder deber ir delante de su grupo, guiando, enseñando, instalando valores; otras, transitará por detrás apoyando a las personas y brindándoles el marco de libertad y autonomía necesario para posibilitar el desarrollo de nuevos líderes. Pero también, en otras ocasiones, estará al lado de la gente, de costado, a la par, realizando sus mismas tareas y acciones, brindándose por completo, demostrando humildad y compartiendo experiencias que luego serán sus mejores aliadas a la hora de motivar y crear confianza.
Todas esas prácticas son viables y determinan la concepción de una nueva manera de liderar personas y movimientos. Pero lo que nunca debe hacer un líder es pretender estar en el centro constantemente, exhibiéndose, exigiendo halagos, mostrando su "grandeza" obscenamente y creyéndose imprescindible.
Salir del medio, instalar valores, crear oportunidades, pregonar el cuidado de los recursos naturales, hacerse responsable del impacto de sus acciones, comprometerse con la sociedad, darles protagonismo a los miembros de su equipo, desarrollar líderes, realizar coaching  y mentoring, son acciones vitales del liderazgo del nuevo siglo. Porque el futuro necesita la sustentabilidad de este presente.
El verticalismo y la obediencia debida no tienen lugar en el actual y futuro  entorno de las organizaciones, dentro de la gran ola de la sustentabilidad como modelo de gestión, en todos los niveles operativos y a lo largo de toda la cadena de valor. Como no podía ser de otra manera, el liderazgo va de la mano de este nuevo paradigma, como herramienta potente de transformación del trabajo en intangibles de valor constante. 
Por ello creo que el liderazgo ha redireccionado su viaje hacia el futuro y este recorrido va en búsqueda de un nuevo estilo que apueste por una superadora  relación del Hombre con el Hombre y del Hombre con la Biósfera. Una peculiar manera de abrazarnos por un mundo mejor que impulse un salto de calidad desde nuestro propio Ser. 
Esto sólo podrá ser posible con el desarrollo de personas con nuevas visiones; con líderes conscientes y genuinos comprometidos con la vida misma en todas sus manifestaciones. Personas que todos los días celebren estar vivas y se pregunten: qué bien puedo hacer hoy con toda mi energía? 
Nuevos Líderes Sustentables que hagan del desaprendizaje y la innovación, impactantes hábitos que dirijan sus acciones hacia metas trascendentes e inspiren a otros a seguirlos desde la mística de su comportamiento, la fortaleza de sus principios y su transgresora visión. Que sepan luchar con sus propios infiernos y salgan victoriosos gracias a su espíritu resiliente. Que puedan dominar sus miedos y gestionar sus emociones desde la conciencia y la actitud compasiva hacia quien necesita ayuda. Que deseen construir, cuidando el presente y proyectando bienestar hacia las generaciones futuras.